
En el portal de Belén
lo repiten los zagales
lo que acaban de traer
va a quitar todos los males.
Se ha armado un gran alboroto
y una gran algarabía
cuando han visto los pastores
lo que le traen a María.
Los paquetes han venido
en camello desde lejos
con un montón de prospectos
y también muchos consejos.
Una cola se ha formado
todos en fila de una.
Nadie se quiere quedar
sin ponerse la vacuna.
Eligen como enfermero
un angelito del cielo,
es tan dulce y cariñoso
que no hay que tenerle miedo.
Se colocan por edad.
El primero, el rey Melchor
que por su gran barba blanca
deducen que es muy mayor.
Luego vienen los pastores,
una anciana lavandera,
la señora de los pavos
y también la posadera.
José y la Virgen María
quieren un ejemplo dar
y ofrecen su brazo al ángel
para que ponga el vial.
Ya están todos vacunados,
más el Niño se da cuenta
de que falta el principal
que en el castillo se encuentra.
—¡Avisad al rey Herodes!
y también a sus soldados,
que pueden ponerse malos
y quedar contaminados.
Los pastorcillos no entienden
la reacción del pequeño.
Siendo Herodes tan malvado
lo quieren bien confinado.
Mas el ángel les explica
que el Niño es Hijo de Dios
y tiene lleno de amor
su divino corazón.

