Nace mi hermanito

Hoy Guille se ha despertado y ha llamado a su mamá:

—¡Mamá, mamá, he soñado que tenía un hermanito que se llamaba Pablo! ¡Yo quiero tener un hermano! Muchos amigos de mi colegio tienen hermanos, yo también quiero tener uno.

 —No te preocupes cariño, seguro que algún día lo tendrás —le responde sorprendida.

 Pasó el tiempo y un día su mamá, muy contenta, le dice:

—Guille, vamos a tener un bebé, aunque no sabemos si será niño o niña, a lo mejor es una niña.

 —No mamá, va a ser un niño y se va a llamar Pablo —replica—. Quiero que sea un chico para jugar al futbol con él.

—No te preocupes por eso, Guille, las niñas también juegan al ftbol.

 Algunas veces, cuando su mamá se acuesta porque está muy cansada, Guille pone su cabeza encima de su barriguita y le habla flojito:

—Oye, soy tu hermano Guille. ¡Tengo muchas ganas de que salgas de ahí para conocerte! Tienes que estar muy aburrido tan solo.

—No digas eso, Guille. El bebé está creciendo aquí dentro y se está haciendo fuertote. Cuando nazca, tendrás tiempo de conocerle y de jugar con él o con ella.

Pasan los días y la barriga de su mamá crece y crece. Se nota que el bebé está cada vez más grande.

Desde que va a aumentar la familia, Guille ve más movimiento en su casa ¡Qué suerte! Le han comprado un dormitorio nuevo y el suyo será para su hermanito. Sus muebles se le han quedado pequeños.

 Hoy, al despertarse, observa mucho jaleo; sus padres están poniendo en una maleta la ropa del pequeñín.

—¿Mamá, es que nos vamos de viaje? — pregunta.

—No, nos vamos a ningún sitio, es que el bebé ya va a nacer—responde mientras le acaricia la cabecita.

 Guille se pone muy contento, él también quiere ir con sus padres al hospital para conocer a su hermano, pero ve que sus abuelos  vienen para llevárselo. ¡No quiere irse con ellos!

—¡Quiero ver a Pablo! —grita pataleando en el suelo, llorando a moco tendido.

—Mira Guille —le explica su abuela—, primero van tus papás para hablar con el médico, cuando les den una habitación para estar allí, vamos nosotros.

—No llores cariño —le suplica su mamá—, cuando vengas al hospital, tu hermanito ya habrá nacido.

Ha pasado un tiempo precioso y en casa de los abuelos suena el teléfono:

—¡Ha sido niño, un niño! —exclama su tía Paloma muy contenta—. Por fin vas a poder jugar al futbol con tu hermano, y se va a llamar Pablo como tú querías.

Guille está muy nervioso; va a conocer a su hermano y ya no se separará más de él. Nada más entrar en la habitación ve a su mamá acostada en la cama.

—Ven Guille, mira, tu hermano quiere conocerte —le dice muy emocionada.

 Guille se sube a la cama con ella y, entre los dos, sujetan en brazos a Pablo. Entonces, su abuelo les saca una foto.  El niño está muy colorado y a Guille le parece muy feo aunque todos dicen que es  muy guapo  y que está muy gordito.

—Está casi criado –comentan los abuelos.

—¡Si es pequeñísimo y seguro que no sabe comer solo! “Muchas veces no entiendo a los mayores” —piensa.

           —Vamos Guille, es hora de irse a casa —dice su abuela cogiéndole de la mano

Él los mira con cara de sorpresa, no quiere marcharse.

¡Pobre Guille! Todavía no tiene cuatro años y no entiende que se tiene que ir y que su mamá, su papá y Pablo se van a quedar en ese sitio tan feo por lo menos un día más. Llora desconsoladamente mirando a sus padres, no tiene consuelo.

 Su tía Paloma le coge en brazos y le pregunta al oído:

—¿Quién se va a comer conmigo un helado?

—¡Yo! –contesta muy contento.

Parece que eso ha surtido efecto, les da un beso a todos y se despide hasta el día siguiente.

Mientras se comen el helado, pregunta:

 —Oye tía, ¿por qué Pablo se chupa tanto los puños? ¿por qué no abre los ojos? ¿por qué llora tanto? ¿me habrá conocido? ¿sabrá que soy su hermano mayor?

Su tía no tiene tiempo de contestar a tantas preguntas. Cuando está respondiendo a una, ya tiene tres o cuatro más, en cola esperando contestación.  Guille está muy contento y ha comprendido que Pablo debe estar en el hospital con sus padres un día más.